jueves, 2 de octubre de 2008

...Escapar...


Y ahí estaba ella. Esperando la llegada de su remis, dispuesta a dejar todo atrás y partir… mejor dicho, escapar. La espera se hacía eterna; nunca se había duchado tan rápido como aquella madrugada fría de abril. Y ahí se encontraba, sentada sobre el piso, recostada sobre la pared de ladrillos, prácticamente derrumbada en el pasillo; padeciendo la tardanza del automóvil que la llevaría hasta Retiro.
Y ahí estaba… inmóvil, como en una fotografía; levemente inclinada sobre la derecha, apoyada con su frágil brazo sobre su bolso, en el que trasladaba lo mínimo e indispensable; esa era una actitud nueva en ella, porque se había encontrado dejado de lado su manía de guardar cosas absurdas por miedo a necesitarlas. Esperando, siempre esperando… casi casi al borde de la desesperación.
Hacia unos días había decidido cambiar de rumbo su vida, limpiar su cabeza, desconectar su corazón. La idea en un principio la lleno de esperanzas. La manera de solucionar todo, tenía como primer paso, mirarlo desde afuera, abstraerse de ese núcleo, de ese agujero negro que la succionaba a dejar de ser.
Dejar de ser ella, para ser lo que su entorno quería; dejar de aspirar a ser libre, porque el contexto no lo permitía; dejar de ser miles de cosas, por diversos motivos, que eran primordiales para todos menos para ella. Ella, que estaba entre ser mujer y niña, estudiante y profesora, entre hija y persona. Y decimos esto último porque sus padres nunca le permitieron un mínimo error, no!, en su familia no había errores, o mejor dicho si los había y a montones, pero nunca… nunca, se los dejaba ver. Para los ojos del mundo ellos lo tenían todo, y en ese combo se incluía una felicidad de cartón.
Pero como era de esperarse, luego de todo lo bueno que podía vislumbrar de este viaje, se aterro. Natalia, la llamaremos así. Tenía la facilidad de encontrarse diciendo que algo era perfecto, y al segundo afirmando lo basura que le parecía la idea. Y hacia ese tipo de afirmaciones, porque le tenia pánico a lo nuevo, a lo que no estuviera en su control, a lo que quedaba en manos de, lo que algunos llaman, destino.
Y lo que más la asustaba de este viaje, era la vuelta, como iba a volver. Ella quería cambiar, quería un vuelco, quería encontrarse. Pero temía que a la vuelta todo fuera diferente. Que esas ganas de pelear por ese amor, que hoy tanto valía la pena, se hayan desvanecido. Temía caer en la cuenta de que ese hombre que parecía no correspondido, no merecía sus lágrimas, no merecía su tiempo, y muchísimo menos merecía su amor.
La verdad es que todo esto estalló, porque una vez mas él no se la jugó, porque una vez más gambeteó, esquivó, escapó. Esto estalló porque una vez más él no acepto su propuesta de amor. Porque de haber sido distinta su respuesta, todo lo demás era soportable. Los problemas institucionales en su facultad, los problemas laborales y sobre todo económicos, los problemas familiares; todo hubiese sido fácilmente manejable con “él” a su lado. Pero no, ese hombre no tomaba la responsabilidad de acompañarla a crecer, él no aportaba, no planeaba, no la amaba.
Era extraño, y sumamente contradictorio. Nati quería cambiar, pero odiaba la idea de necesitarlo. Aturdían su cabeza los temores de que al regresar y encontrar lo que dejó, ya nada fuera lo mismo, porque ella ya antes de partir no era la misma. Porque aun antes cerrar la puerta se encontró diciendo que todo lo que tenía era una porquería, y que definitivamente ya no quería más ese manojo de basura al que antes llamaba vida.
NO, ya no quería someterse, ya no quería acatar, ya no quería mendigar… quería ser dueña de sus acciones, poder expresar libremente sus pensamientos. Quería dejar de cuidarse, y simplemente hacer lo que le nacía, quería dejar de pensar y analizar cómo le caería sus acciones al resto, y sobre todo a él. Quería ser libre.
Y de repente el bocinazo del Peugeot la despertó del trance en el que había caído, agarró todo y salió disparada, en ese pasillo dejo muchas cosas, muchas personas. Cerró la puerta de calle, subió al auto, y volteo para mirar por el vidrio trasero. Se le cruzaron miles de momentos y situaciones, se le aparecieron las cosas que no sabía si a la vuelta llamaría: hogar, amistad, amor.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Merece un aplauso de parado!

Te avisé por sms que llegué y no obtuve respuesta aún!
=(
C' Tomorrow