miércoles, 29 de octubre de 2008

-Muñequita Suicida-


Tarde productiva en la vida de Natalia. Estaba haciendo lo que amaba. Compartía inolvidables momentos con su compañera de ruta. Estaba plena. Pero, de buenas a primeras, una brisa primaveral la distrajo; paró un minuto su vida. La puso en pausa y revisó a su alrededor… él seguía sin estar. Nuevamente se sintió caer. Sus alas ya no respondían. Caía sin poder evitarlo, en un precipicio sin final.
Caía otra vez en la garras de ese monstruo. Ese mostro que era hombre. Ese hombre que la lastimaba, desgarraba su cuero, mataba su corazón y amor, ese que le arrancaba las alas de cuajo. Ese hombre al que, al fin y al cabo, amaba con todo su ser. Con sus miserias y aciertos.
Ella era especial. Tenía un corazón noble, estaba llena de principios, y repleta de amor por entregar.
Él era un tipo común, un tipazo como persona, una basura como “hombre”. Cuando dejaba de ser empleado, cuando dejaba de ser vecino, jefe, voluntario, artista… cuando era simplemente un hombre que tenía delante suyo una frágil mujer…se volvía una basura, de esas que contaminan sin límite. Y aun así ella se entregaba, aun así lo amaba, aun así le regalaba todo su ser, y en el combo también venia toda su inocencia.
Y de repente, una vez más, ya no era tan feliz, ya no tenía tantas fuerzas, ya no era una mujer… mutaba en una chiquilla llena de miedos, esos miedos que paralizan, esos que no te dejan ser, que no te dejan pensar… esos que dé a ratos la hacían sentir completamente enamorada, pero al mismo tiempo no la dejaban mover.
No podía ser ella, no podía hacer lo que simplemente le nacía, no podía, no quería… se limitaba, se llenaba de barreras, de bozales que ya no la dejaban gritar su verdad. Bozales y mordazas que enmudecían su amor. Porque la verdad es que nunca lo supo, pero siempre presintió que, si decía y hacia lo que le salía del alma, su hombre especial (su monstruo despiadado) escaparía lejos de su ser. Y realmente no estaba preparada para dejar las miserias que Martín le entregaba con mucha resistencia.
Y de esta forma fue perdiendo su magia. Su corazón y alma enfriaron de manera increíble. Su risa se opaco, su mirada perdió brillo. Sus sueños murieron luego de largo sufrimiento y agonía. Y así la dulce muchacha, la futura mujer, la miedosa niña… todas las personas que formaban su “yo” cayeron en un pozo. Y luego de esto, sus alas no respondieron más. Y de esta forma fue como se convirtió en un activo más en el gran stock de muñecas de porcelana. Esas dulces, pero inútiles muñecas que en su rostro reflejan el dolor que provoca el amor.

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